Brota en Oriente la Luna
Y su blanca luz esparce,
Como Sol encanecido
Como Sol agonizante.
Los altos médanos brillan
Como hilera de titanes
Con escamadas corazas
Y blanquecinos plumajes.
No hay rumores en la Tierra
Ni susurros en el aire,
Que el desierto se adormece
Con mutismo de cadáver.
Sólo resuena a lo lejos
La resaca de los mares,
Como la rítmica y ronca
Respiración de un gigante.
A galope del caballo,
Un nocturno caminante
Recorre solo y sin guía
Los dormidos arenales.
Resuena lejos, muy lejos,
Una voz tan inefable,
Que suspiran las arenas
Y se estremecen los mares.
A su caballo detiene
El nocturno caminante:
Queda inmóvil, embebido
En la voz de los cantares.
El no ve que sopla el viento,
El no ve que los titanes
Agitan ya sus corazas
Y sacuden sus plumajes...
El no ve que las arenas
Ascienden, giran y caen,
Resplandeciendo a la Luna
Como polvo de brillantes.
La Luna vela su disco,
Se desatan huracanes,
Y queda en tumba de arena
Sepultado el caminante.